El proceso más frío que vivirás…El Duelo

Hola a tod@s!

Todo este mes, vamos a hablar del duelo, es importante decir que en una reacción natural ante la pérdida de una persona, animal u objeto, que es significativo para ti, a la vez se experimenta una reacción emocional de sufrimiento y aflicción ya que un vínculo afectivo se ha roto.

En el duelo por lo general se tiene la falsa creencia que es exclusivamente cuando algún ser querido ha fallecido, sin embargo, el duelo se caracteriza por ser un cambio no deseado que constituye una transformación de nuestra forma de vida y también es vivido cuando:

  • Nos despiden de nuestro trabajo por un ajuste de personal de la compañía sin que hayamos tenido tiempo de búsqueda previa de un nuevo puesto.
  • Nuestra pareja nos avisa que se separa de nosotros sin nosotros esperarlo.
  • Nuestra mascota fallece.

La intensidad del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye.

Gracias a la Dra.Elisabeth Kübler Ross, quien hizo investigaciones sobre el duelo y observó sus diferencias, dividiéndolo en cinco etapas. Cabe aclarar que no necesariamente se pasa de forma consecutiva, la persona puede experimentar dos al mismo tiempo o estar en la cuarta etapa y después experimentar la segunda.

De primer momento al recibir la noticia, sufrimos un estado de choque intenso, hay una alteración en el afecto,  el intelecto está paralizado y nuestro cuerpo lo expresa en el ritmo cardiaco, con náuseas o temblor.

La primera etapa es la negación, se caracteriza por hacernos preguntas  como:¿cómo es posible que esto me esté pasando?, esto no es real, tenemos cierta incredulidad ante lo que nos está sucediendo, nos negamos a aceptarlo ya que es demasiado fuerte para ser cierto. Hacer esto se trata de un sistema de defensa.

A veces nuestros propios sentidos hacen que discriminemos y sólo seamos capaces de recibir lo que creemos que es soportable y así mismo, alejando opiniones con las que no estamos de acuerdo.

TIP: Dejar claramente identificadas las causas del cambio, asumir personalmente las responsabilidades y marcar los beneficios (y no solo las consecuencias inmediatas) pueden ser buenos consejos en esta fase inicial.

La segunda etapa es la Ira, se caracteriza por ser muy emocional, y constantemente la persona está en contra o a la defensiva con sus amigos, jefes, compañeros de trabajo, familia, Dios, etc. En general, la persona no tiene bien definido hacia donde dirigir la ira.

La ira es una reacción natural ante el cambio. Y puede o no aparecer desde el momento en que el cambio ocurre en nuestras vidas. Hay que dejarla salir, es permitido expresarla y manifestarla, sin llegar a ser violentos.

Tip: Podemos recurrir al llanto, enojo o quejarnos, pues ayudan a canalizar la ira o bien, buscar una persona fuera del entorno, que puede orientarnos o  acompañarnos en el proceso.

La tercera etapa es la negociación, el sentimiento que más aparece es el de culpa o las ganas volver atrás una y otra vez: “Ojalá lo hubiéramos hecho mejor”, “Si hubiera…”

El peor enemigo de esta fase es posponer el cambio a la espera de una situación mejor… que sabemos que nunca llegará.

Tip: Ponernos en acción es la palabra clave. A pesar de que estemos viviendo un momento difícil, debemos estar atentos a tomar ciertas desiciones, antes que empeore nuestro estado.

La cuarta etapa es la depresión, somos capaces de estar y ser conscientes del momento presente que estamos viviendo, esto mismo produce una sensación de vacío, de tristeza, ya que el cambio profundo se hace evidente y te das cuenta que no puedes negarte, ni eludirlo. Te sientes mal y trasladas ese sentimiento de tristeza a tus relaciones, dentro y fuera del trabajo.

En esta etapa es probable que nos enfermemos de gripa, tengamos contracturas en el cuerpo debido a nuestras bajas defensas o por estar muy tensos.

Tip: Si conoces a alguien en esta fase, es momento de apoyarlo, teniendo en cuenta que para salir de esta etapa tendrá que vivir esta fase.

La última etapa es la aceptación, la persona llega a una resolución, donde ya no existen alternativas, se acepta el cambio con todas sus consecuencias. Es importante decir que aceptar no significa sentirse bien o estar de acuerdo con lo que ha pasado. Es asumir que hay una nueva realidad y que debemos aprender a vivir con ella.

Cabe mencionar que el estar en esta etapa, no quiere decir que ya no vas a sentir tristeza, ira o quieras a ratos seguir negociando, pero lo que si notarás de diferente es que la intensidad es menor y tomas soluciones de forma más rápida.

A continuación les dejamos un testimonio de alguien que pasó por esta difícil y complicada etapa.

Hola! ciertamente no sé como presentarme con exactitud, mi nombre es Mariana. Mi historia tiene de todo un poco, no fue el cuento de rosas que me imaginaba pero hoy comprendo que fue de fortaleza. Me casé enamorada, me casé con el hombre que más había querido, me imaginaba llegando a la vejez con él, por supuesto luchando contra marea si era necesario, pero juntos. Me imaginaba tomada de su mano hasta para dormir, pero el día que ya no le tenía a él para librar las batallas juntos o para ver su mirada que me tranquilizaba, fue el momento más duro de mi vida.

Si, mi gran amor ya no estaba, una noche me hablaron para decirme que había tenido un accidente fatal… me paralicé, fue lo primero que sucedió. Al poco tiempo, llegó mi mamá a casa para saber cómo estaba. No recuerdo con claridad lo pasó en ese momento. Sólo sentía un vacío enorme, impotencia, sólo me decía a mi misma “no tarda en llegar”.

Él no volvió a cruzar la puerta de nuestra casa. Él ya no tomaría mi mano.

Los primeros días no pude, no pude, me quería esfumar, quería estar con él. Al inicio la tristeza fue enorme, es más la palabra tristeza queda chica, las lágrimas salían solas, en pocos días empezaron surgir preguntas “¿Cómo ha podido pasar esto?”, “¿Es cierto que se accidentó?”, “ha de ser una broma”, no podía creer lo que había sucedido el dolor que sentía eran tan grande, tan invasivo que no podía ser cierto.

Era claro que no estaba preparada para seguir adelante, mucho menos cuando todo lo habíamos superado juntos y él ya no estaba ahí. No tenía la capacidad de estar con las personas, me empecé a aislar, todos me querían cobijar, pero yo estaba tan metida en mi dolor que las cosas dejaron de tener importancia ¿Qué podría importar en la vida, si ya me había quitado lo que más quería?.

Miraba sus fotos lloraba y después me enojaba le reclamé tantas veces como había sido capaz de dejarme sola, porqué había tomado otro camino. Me consideraba una persona espiritual, en ese momento estaba enojada con todo, con Dios, con mis amigas que vivían felizmente casadas. Estaba enojada, furiosa. Saqué toda su ropa de una rabieta, después comprendí que era el dolor hablando a través del enojo.

Al paso de los meses, surgieron más y nuevas preguntas, ¿y si hubiera ido con él a esa reunión?, “Seguro nada de esto hubiera pasado si yo no le hubiera marcado”, “porque no acepté ir a cenar fuera” “que tonto no estaría llorando si le dijera que ya era noche para regresa”. Si, así es empecé a culparme y eso hacía mi tristeza más grande.

Las personas para disque tratar de consolarme me decían “él ya esta en un lugar mejor”, “no llores, con el tiempo pasará”, fueron las frases más insensibles que escuché. Ya faltaban pocos meses para que se cumpliera un año de su partida Los sentimientos de enojo, desesperación, vacío, culpa estaban presentes todos los días. Busqué en internet libros de autoayuda ahí encontré información sobre el duelo, hice un pequeño cuestionario, empecé a sentirme identificada con lo que decían esos libros. Cada vez estaba más cerca de ese 12 de septiembre y sería como revivir todo.

Decidí buscar ayuda real, alguien que me escuchara, no que me apapachara, con todas mis dudas fui al psicólogo. Me sentí tan reconfortada cuando alguien escuchó todo lo que tenía adentro, que no me dijo “a él no le gustaría que lloraras”, simplemente estuvo ahí acompañando cada lágrima, cada grosería, me contuvo pero sobre todo validó mi dolor. Me sugirió también ir a una terapia de grupo en donde las personas estaba atravesando una perdida significativa, me imaginé a un par de viudas llorando como yo.

Mi sorpresa fue tan grande al ver que las personas atravesaban lo mismo que yo, ya fuera por perder un hijo, una mascota, empezar un proceso de separación. Todos ahí compartíamos un mismo proceso el DUELO hacia distintas perdidas. Ahí comprendí que un duelo es más que solo a una persona.

Si después de leer este blog, conoces a alguien que necesite ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, en ARANA contamos con psicólogos profesionales que pueden ayudar a esa persona que estimas.

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